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SIGNOS INDICADORES DE VIOLENCIA

 

Cada año millones de mujeres son abusadas físicamente por sus esposos, novios o parejas íntimas.

Es probable que alguien que usted conoce —su vecina, compañera de trabajo, amiga, hermana o su propia madre— sea víctima de violencia doméstica.

Estos son algunos de los signos que indican
que una mujer puede tener ese problema:

-Frecuentemente se le notan moretones o heridas o muchas veces sufre de «accidentes» para los cuales tiene explicaciones muy poco claras. Esos «accidentes» hacen que falte al trabajo.
¿Ha dado ella diferentes explicaciones para lesiones visibles, tales como ojos morados, contusiones o fracturas de huesos?

-El esposo o pareja controla sus actividades, todos los gastos de la familia, la manera en que ella se viste, o el contacto entre ella y su familia y/o sus amistades.
¿Parece nerviosa o asustada después de una conversación con él? ¿Tiene él que saber dónde está ella todo el tiempo?

-Cancela sus planes con frecuencia y a última hora, o parece tener miedo de hacer enojar a su pareja.

-Su pareja la pone en ridículo en público o usted puede percibir agresividad en todos los comentarios que él hace.

¿Su pareja la insulta o humilla demasiado? ¿Ignora él sus ideas o sugerencias? ¿Puede ella tomar decisiones por su cuenta, o solamente con la aprobación de él?
¿Parece ella asustada o más aislada que antes? ¿Está ella más ansiosa? ¿Parece deprimida o distraída?

-Usted puede notar cambios en el comportamiento de ella y/o de sus hijos e hijas. A menudo parecen estar asustados o muy cansados.

Quizá usted piense que los problemas de ella se «arreglarán por sí solos». Lamentablemente no es así. La violencia doméstica no se detiene a menos que se lleven a cabo determinadas acciones para lograrlo. Sin embargo, puede ser difícil saber qué hacer. Con frecuencia la gente se resiste a discutir algo tan íntimo y tiene temor de meterse en lo que no le importa.

Veamos a continuación una serie de justificaciones que a menudo se utilizan
para no ofrecer ayuda:

“No debo meterme en asuntos privados de familia”. El maltrato o la violencia doméstica —es decir, todo lo que implique golpes u otros tipos de violencia en contra de la esposa— no es solamente un problema familiar. Es un delito que tiene serias repercusiones para esa mujer, sus hijos e hijas, y para la comunidad entera.

“La verdad es que ese problema no es tan grave”. La violencia doméstica incluye amenazas, empujones, golpes, cachetadas, intentos de estrangulación, asalto sexual y agresiones con armas. Rara vez es un incidente que ocurre sólo una vez y normalmente su frecuencia y severidad se van incrementando. Cualquier acto de violencia doméstica debe tomarse muy en serio. Los abusos contra las esposas provocan más lesiones que requieren tratamiento médico que la suma total de violaciones, accidentes automovilísticos y asaltos a mano armada. El maltrato también puede ser mortal: treinta por ciento de las mujeres asesinadas anualmente en los Estados Unidos son muertas por sus esposos o novios.

“Ella debe de estar haciendo algo que provoca que él sea violento”. Nunca se debe culpar a la víctima por el hecho de que otra persona eligió usar la violencia en contra de ella. En toda relación existen problemas, pero es totalmente inaceptable el uso de la violencia para resolverlos.

“Si la situación fuera tan mala, ella ya lo habría dejado”. Para la mayoría de los seres humanos nunca es fácil terminar una relación. Aún más difícil resulta terminar una relación violenta. Los lazos emocionales que unen a una mujer con su pareja pueden ser muy fuertes, y le brindan la esperanza de que la violencia terminará algún día. También puede ser que ella dependa financieramente de él, y al dejarlo tendría que enfrentar serios problemas económicos. Incluso puede ser que ella carezca de información acerca de los recursos disponibles o que, en el pasado, el sistema de servicios sociales o el sistema judicial no le hayan ayudado en absoluto.

Asimismo, las presiones religiosas, culturales, o familiares pueden hacerle creer que su deber es mantener a la familia unida. Además, su pareja pudo haberla amenazado de muerte para evitar que lo deje. Si la mujer es trabajadora migratoria o trabajadora agrícola de temporada, pueden existir algunos obstáculos adicionales como la falta de transportación, la ausencia de conocimiento del sistema legal y los tipos de protección que este ofrece o, también, carencia de lugares de ayuda en donde se hable su idioma.

“¿Acaso no le preocupa lo que le pasa a sus hijos?”. Probablemente su amiga está haciendo todo lo que puede para proteger a sus hijos o hijas de la violencia doméstica. Ella puede sentir que el maltrato se dirige sólo contra ella y no se da cuenta de su efecto en los niños. Además, puede pensar que los niños necesitan un padre o, quizá, no tenga manera alguna de mantenerlos por sí sola. Asimismo, los niños le pueden suplicar que se quede ya que ellos no quieren abandonar su casa ni a sus amiguitos. También puede temer que, si abandona a su marido, pierda la custodia de sus hijos e hijas.

“Lo conozco y la verdad es que no creo que él pueda hacerle daño a nadie”. Muchos abusadores no son violentos en otras relaciones y pueden ser una maravilla de persona en sociedad; sin embargo, son extremadamente violentos en la privacidad de su casa.

“Lo que pasa es que él debe estar enfermo”. El maltrato hacia la pareja es un comportamiento que se aprende, no una enfermedad mental. Las experiencias que un abusador vivió en su infancia y los mensajes que recibe de la sociedad le confirman que la violencia es una manera fácil de obtener poder y control sobre su pareja. Los abusadores han elegido conscientemente este comportamiento; en consecuencia, visualizarlos como «enfermos» los disculpa equivocadamente de la responsabilidad de sus actos.

“Creo que lo que causa la violencia es su problema con la bebida”. El alcohol o las drogas pueden intensificar el comportamiento violento, pero no son la causa del mismo. Típicamente, los abusadores usan como pretexto la pérdida de control debido al alcohol, las drogas o a mucho estrés. Sin embargo, la violencia doméstica no representa una pérdida de control sino, por el contrario, una manera de obtenerlo.

“¿Cómo puede ella querer todavía a alguien que la maltrata?”. Es probable que el hombre no siempre sea abusivo. Tal vez se muestre arrepentido por su comportamiento y prometa que va a cambiar. Por esta razón, es comprensible que su amiga mantenga la esperanza de que pronto todo va a ser diferente. Probablemente la relación incluya buenos momentos, malos ratos y otros que son intermedios.

“Si ella quisiera que la ayudara, ya me lo habría pedido”. Tal vez su amiga no quiera confesarle estas cosas pensando que usted puede no entender su situación. Es más, puede sentirse avergonzada de lo que le pasa y aparentar no querer comunicarse. En este caso, hable con ella acerca del abuso doméstico en general; dígale que le preocupan las mujeres que sufren maltrato y que no las culpa del mismo.

Esto no es un juego, tu ayuda es importante.

 
 
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